
Gracias a los que nos leen y aguantan tanta lesera junta. También a nuestros críticos, a aquellos que nunca hemos censurado y en especial a la gente que ha tratado de silenciar nuestro webeo. Igual a ellos Dios los ama.
Estoy dispuesto a votar por Frei en segunda vuelta porque es el mal menor y no por los argumentos que entregan sus comunicadores. Hay que hablar con la verdad para ser creíbles ante la ciudadanía.
No es cierto que la Concertación, su política económica y ministros de Hacienda hayan optado por regular los mercados, apartándose del neoliberalismo. Si así hubiese sido no tendríamos un tipo de cambio que está destruyendo a los exportadores. Tampoco existiría una tasa de interés para los pequeños empresarios que multiplica varias veces la que se aplica a los grandes, y los consumidores no sufrirían esa usura vergonzante del dinero plástico que imponen supermercados y retails. Además, si los mercados estuviesen regulados no estaríamos exportando sólo recursos naturales. En suma, vivimos un modelo económico en que manda el gran capital, virtualmente sin regulaciones, en que además los trabajadores no tienen derecho a negociación colectiva. Es verdad que este modelo lo inventó la derecha, utilizando las armas de Pinochet, pero la Concertación hizo poco o nada para modificarlo. Tengo que decir con tristeza que entre la derecha y la Concertación no existen dos concepciones económicas distintas. Es una sola, la neoliberal, que hay que modificar.
Tiene razón el ex Presidente Frei que el candidato Piñera es el paradigma de esa relación perversa entre política y negocios. Pero es sólo su símbolo extremo, porque los gobiernos de la Concertación facilitaron el tránsito de sus ministros y superintendentes a los directorios de empresas privadas. Hay casos connotados, en las ISAPRES, AFP y banca. Al mismo tiempo, es innegable que destacadas figuras de la Concertación recorren los pasillos del sector público como lobistas para favorecer intereses privados. Y nada hizo la Concertación para poner freno a ese tránsito indecoroso.
Tampoco la Concertación puede cuestionar, sin autocrítica, el vergonzante monopolio de la derecha sobre los medios de comunicación cuando renunció a la diversidad informativa desde el mismo gobierno, con Correa y Tironi afirmando: “…que la mejor política sobre medios de comunicación es no hacer ninguna”. En efecto, durante los veinte años de gobierno se entregaron generosos recursos públicos para apoyar al duopolio escrito, y a radios y canales de televisión de los grupos económicos manejados por la derecha. Así, se quebraron deliberadamente todos los proyectos alternativos para desafiar el pensamiento único. A que viene entonces el llanto de hoy.
Y la defensa de la educación pública es poco creíble. Cuando los estudiantes secundarios clamaban por terminar con el lucro y existían todas las condiciones políticas para erradicarlo se decidió blindar a los colegios y universidades privadas, con una Ministra anclada en el fundamentalismo religioso, Existe entonces una manifiesta coincidencia entre los intereses económicos de la derecha con esa política a favor del negocio privado en la educación que no ha querido modificar la Concertación.
Se puede recorrer cada una de las políticas públicas de la Concertación y lamentablemente cuesta mucho encontrar una visión radicalmente contrapuesta a las que gustan a la derecha. Lo único que realmente marca cierta diferencia, y que ha sido valorado por la gente modesta, son las pensiones para los sectores de más bajos ingresos. Y ahí pare de contar.
No ha habido en Chile dos proyectos alternativos, como tratan de argumentar personeros de la Concertación. La felicidad de los grandes empresarios con el gobierno de Lagos y los premios que repetidamente han otorgado a los ministros de Hacienda son ejemplos manifiestos de ello. Se ha producido una gran confusión y el pueblo no alcanza a distinguir entre las posturas de derecha y las de la Concertación. Las diferencias se reducen más bien al desgaste de ésta, el cuestionamiento a los operadores, la reiteración de las mismas personas en distintos cargos y las pequeñas corruptelas. Por ello el pueblo la castigó en las urnas.
Pero, la derecha tampoco puede realizar cambios porque ella inventó el sistema que actualmente vivimos. En consecuencia, el pueblo tiene derecho a saber que la parafernalia derechista nada tiene que ver con reformas de verdad a la Constitución, a la política económica, a las discriminaciones en salud, educación y previsión. Esas transformaciones son contrarias a sus intereses y a los grupos económicos que representan. El cambio de la derecha apunta a mostrar un Ejecutivo con nuevas caras, pero ya se verá que son las mismas que aparecen en las páginas sociales de El Mercurio. Los pitucos de siempre, el mundo privado a la cabeza de los ministerios. Las caras burguesas de la cota 1000, los que dirigen las empresas, las universidades privadas y ahora los clubes de futbol.
Lo que no pudo hacer la Concertación por falta de voluntad y cobardía, menos lo podrá hacer la derecha pues están sus intereses en juego. Piñera desde el Gobierno se encargará entonces de profundizar el régimen de exclusión política, la concentración económica y las desigualdades que se encargaron de institucionalizar hace 35 años. La derecha además anuncia un peligro adicional: retomar con mayor vigor, y desde el gobierno, el conservadurismo decimonónico, comprometido con el Opus Dei y los Legionarios de Cristo.
La Concertación debiera decir de frente que en Chile hay que iniciar un nuevo rumbo. Reconocer autocríticamente que desaprovecharon la oportunidad de cambiar el país. Y que ahora están dispuestos a movilizarse sin tregua, junto al pueblo, para tener una Constitución democrática; que impulsarán una política económica que favorezca a todos y no sólo a los grandes empresarios; que apoyarán a los estudiantes para terminar con el lucro; que se jugarán por la negociación colectiva; que se jugarán por la protección del medio ambiente; y, que optarán por la diversificación de los medios de comunicación.
Si se habla con la verdad, si existe autocrítica y hay disposición a cambiar de rumbo estoy dispuesto a votar por Frei.
- Roberto Pizarro fue ministro de Frei y ha sido el jefe programático de la candidatura presidencial de Jorge Arrate.
Ha concluido la primera vuelta. La voz de las urnas ha sido clarísima. El 44% obtenido por Sebastián Piñera, más de 14 puntos por sobre Eduardo Frei, es un resultado que hasta ayer todos los analistas y políticos de la Concertación sostenían que, de darse, prácticamente sería imposible remontar.
Anoche hemos visto una batería de argumentos rebuscados para discutir y cuestionar el amplio resultado obtenido en la primera vuelta. Lo único que está claro es que, si seguimos haciendo las cosas bien, sólo depende de nosotros el triunfo el próximo 17 de enero.
Para todos era conocido que Sebastián Piñera pasaría en primer lugar a la segunda vuelta, y nuestro gran problema hubiese sido un resultado estrecho que empañara la amplia sensación de triunfo con la que enfrentamos la primera vuelta. Lejos de ocurrir aquello, ha quedado instalada la clara sensación de que el próximo Presidente de Chile es el abanderado de la Coalición por el Cambio: si hoy les preguntáramos a los chilenos quién será el próximo Mandatario, creo que más del 70% respondería que Sebastián Piñera. Esta sensación de triunfo es la que nunca hemos tenido en una elección presidencial. Y estoy convencido de que éste es el factor vital para lograr los porcentajes que no obtuvimos las dos últimas veces. Ahora, el resultado de ayer hará que la diferencia final en segunda vuelta sea aún mayor de la que esperábamos.
A todo lo anterior, debemos agregar que la candidatura de Marco Enríquez-Ominami, que alcanzó los 20 puntos, interpretó también un espíritu de cambio. Tal como lo señalaban todas las encuestas previas, un porcentaje muy significativo de esos electores se volcará hacia la única candidatura que representa el cambio en la segunda vuelta. De igual forma, considero que a diferencia de las dos segundas vueltas anteriores, en que pasaron los candidatos de izquierda Ricardo Lagos y Michelle Bachelet, en esta ocasión habrá muchos militantes y simpatizantes del Partido Comunista que votaron por Jorge Arrate, pero que no lo harán por el candidato democratacristiano en la segunda vuelta, ya que, como ellos mismos manifiestan, consideran a Frei y a Piñera lo mismo. Esto hará, a diferencia de las dos ocasiones anteriores, que haya menos votantes en la segunda que en la primera vuelta.
No está de más señalar que con la votación que obtuvo Frei en la primera vuelta se confirmó lo que siempre sostuve al interior del comando: que ni la popularidad de la actual Presidenta ni las últimas resoluciones del juez Madrid tendrían algún impacto electoral a favor de su candidatura. Frei ya gobernó el país, y la ciudadanía tiene una visión muy crítica de su gobierno.
Es por ello que el camino a seguir en esta última etapa de campaña es muy claro y nítido: poner énfasis en el cambio, en una nueva forma de gobernar, con una visión de futuro, dejando atrás las divisiones del pasado y haciendo las cosas bien.
Junto con lo anterior, debemos seguir proyectando con mayor énfasis nuestro compromiso con los más débiles y nuestra clase media. Para ello debemos lograr difundir los atributos de nuestro candidato presidencial que la opinión pública reconoce, ya que ellos apuntan precisamente a tener la capacidad de liderazgo y gestión en aquellos temas que por largos años se han convertido en las prioridades más importantes de los chilenos, como son derrotar la delincuencia y el narcotráfico, la generación de más y mejores empleos, mejorar la calidad de la educación y la salud pública; en fin, hacer un gobierno con los mejores, sin exclusiones de ningún tipo.
* Por José Ramón Valente
El eslogan de segunda vuelta de Sebastián Piñera es “Unete al cambio”. Pero muchos se preguntan ¿qué es el cambio? Algunos de sus detractores dicen que ésta es una palabra vacía, sin contenido. Otros dicen que esto significa borrón y cuenta nueva, es decir desconocer y cambiar todo lo que ha hecho la Concertación en los últimos 20 años. Por último, están los escépticos que señalan que todos los candidatos ofrecen cambios, lo que paradójicamente sugiere que el cambio termina siendo más de lo mismo; es decir, políticos que ofrecen mucho y hacen poco. Puede que haya personas que piensen así, pero el deseo de cambio de los chilenos es mayoritario y la elección de ayer lo confirma. Tanto Sebastián Piñera como Marco Enríquez-Ominami basaron sus campañas de primera vuelta en la idea del cambio y la votación combinada de ambos superó el 64% de los votos.
La gente quiere el cambio, los chilenos quieren educación de calidad, menos delincuencia, que gobiernen los mejores y no los más apitutados, mejor Estado y, por qué no, 1 millón de nuevos empleos. Pero efectivamente eso también lo puede ofrecer cualquiera. De hecho, el discurso de Frei ayer después de la elección contenía varias de estas cosas. Por lo tanto, quien quiera ganar en segunda vuelta debe convencer a los chilenos que su oferta de cambio es genuina, tiene contenidos y no es borrón y cuenta nueva.
Piñera tiene las mejores chances de ganar, porque una lista de ofertones efectivamente la puede hace cualquiera, pero para que éstos sean creíbles y se manifiesten en votos deben tener sustento en convicciones más profundas que el solo deseo de ganar una elección. Por lo mismo, es poco creíble que Frei ofrezca ahora hacer lo que no hizo durante los 6 años en que fue Presidente y la Concertación tampoco ha hecho en los 20 años que ha estado en el gobierno.
Pero aun más importante que la historia de Frei y la Concertación es su presente. Durante su campaña el senador Frei ha demostrado más ganas de aferrarse al poder que a sus convicciones. Por lo mismo, su oferta de cambio es y será más bien un popurrí de propuestas instrumentales a su objetivo que el resultado de una visión de futuro para Chile y los chilenos.
Las propuestas de cambio de Piñera no son caprichosas ni menos una lista de supermercado elaborada por el publicista de turno. Estas son consistentes con la convicción del candidato y de sus colaboradores, de que los chilenos son capaces de mucho más, y que dotados de las herramientas correctas pueden progresar a un ritmo mucho más acelerado que el que lo han estado haciendo, sobre todo en los últimos 10 años. La delincuencia, la mala calidad de la educación, el desempleo y la burocracia estatal son pesadas cadenas que arrastran los emprendedores y las familias chilenas en su búsqueda natural de un futuro mejor. Es imprescindible tenderles una mano a los más débiles y más desprotegidos, pero es también fundamental darles alas a los que quieren volar. Es sobre la base de ese convencimiento que nacen las propuestas del ingreso ético familiar, el millón de empleos y el crecimiento del 6% anual. Es para liberar a los chilenos del yugo de la ineficiencia del Estado que se propone un gobierno con los mejores y es para darles alas a nuestros jóvenes que se propone mejorar la calidad de la educación. El cambio que propone Piñera habla de futuro y no de pasado, y por lo tanto se construye sobre el presente y no pretende partir de cero, sino que de los avances ya logrados con mucho esfuerzo por los chilenos en los últimos 30 años.
El cambio de Piñera es genuino, tiene contenido y bajo ningún punto de vista implica borrón y cuenta nueva. Por el contrario, el cambio que comenzó a ofrecer Frei desde ayer es más bien oportunista y de dudosa reputación.
Rafael Luís Gumucio Rivas
(especial para El Sol de Iquique)
En la monarquía presidencial electiva borbónica existen dos armas decisivas: la primera pertenece al Ejecutivo, que consiste en el sistema de urgencias, y la iniciativa exclusiva en materia de gastos fiscales; con estas armas el presidente de la república determina el calendario legislativo y puede bloquear toda iniciativa parlamentaria que implique gastos fiscales. Un parlamentario no pude, ni siquiera, conceder una medalla a cualquier persona, pues implica gastos; la segunda se refiere a las acusaciones constitucionales que, en momentos de conflicto agudo, permite a una oposición mayoritaria paralizar al Ejecutivo. Esta es la extraña forma de balances y contrabanlances propias de nuestra monarquía electiva.
Marco Enríquez-Ominami planteó un verdadero desafío a la candidatura de Eduardo Frei - nada de acuerdos que queden en vago y que, de resultar electo el candidato, pueda cumplir o abstenerse, y no como ocurrió cuando Juntos Podemos apoyó a Ricardo Lagos-, a partir del 5 de enero, el Ejecutivo ingrese al parlamento, con el carácter de discusión inmediata, es decir, deberían ser aprobados en tres días, tres proyectos de ley fundamentales: la inscripción automática y el voto voluntario, la desmunicipalización de la educación y la elección de intendentes mediante el sufragio universal.
Coincido con Eugenio Tirón en el sentido de que para ganar a la derecha es necesario provocar un verdadero terremoto político – las medidas de parche están obsoletas-; si los jefes de partido culpables, en parte, de la debacle actual en la Concertación, se hace muy cuesta arriba triunfar sobre el especulador, Sebastián Piñera. En política, una cierta dosis de audacia es imprescindible para triunfar, pues no es un oficio de viejos gotosos y timoratos. La Presidenta tiene el pandero en la mano: bastaría colocar discusión inmediata a estos tres proyectos para centrar el tema presidencial sobre problemas fundamentales, como la legitimidad del sistema político, la educación como deber del Estado y el respeto y autonomía de las regiones.
El primer proyecto, inscripción automática y voto voluntario tiene, al parecer, mayoría en ambos bloques políticos; la discusión inmediata permitiría tener la ley en el Diario Oficial unos pocos días antes de la segunda vuelta presidencial. El segundo proyecto es mucho más difícil, pues la derecha ha sido siempre enemiga de lo que yo llamo “Estado docente descentralizado”; podría empezar a pensarse así en el traspaso de las escuelas y liceos, desde las municipalidades a corporaciones regionales que, en el caso de aprobarse el tercer proyecto de ley, la elección popular de intendentes, los gobiernos regionales se fortalecerían, pues su poder emanaría de la soberanía popular.
Creo que se podría agregar a la propuesta de ME-O una reforma constitucional que obligara al Estado a garantizar, a todos los ciudadanos, una educación gratuita y de alta calidad pudiendo cualquier persona exigir el cumplimiento de esta garantía. El poner a discutir a los parlamentarios de ambas cámaras estas tres iniciativas permitirían un efecto secundario positivo, pues podrían demostrar que se han decidido a trabajar, incluso en el caluroso mes de enero – los ciudadanos estaríamos eternamente reconocidos-
Espero que
En entrevista telefónica desde Santiago de Chile, Paul Walder (1955) periodista egresado de la Universidad Autónoma de Barcelona, colaborador quincenal de Punto Final y de nuestra casa editorial, analiza –en exclusiva para los lectores de Clarín.cl - la reciente jornada electoral: “ Podría afirmarse que este resultado -Un 74% de la votación ha correspondido a la extrema derecha y centro derecha- es el reflejo de la falsedad y artificialidad del sistema binominal, que ha impedido el surgimiento de fuerzas políticas independientes y desligadas de los grandes polos, la extrema derecha y la Concertación”
Paul Walder es uno de lo más inteligentes periodistas de Chile, especialista en economía, política, medio ambiente y derechos humanos; con miras en la segunda vuelta, asegura: “ El rechazo electoral expresado hacia la Concertación, que goza de este artificial bipartidismo, ha quedado en evidencia palmaria en las elecciones presidenciales. El electorado chileno lo que desea es una apertura política, una renovación de una dirigencia que lleva ya 20 años en el poder” y recurre a una dolorosa metáfora: “La ciudadanía no tiene expresión parlamentaria bajo el corsé artificial del sistema binominal”.
MC.- Paul, off the record hablábamos de la resaca electoral, ¿cómo interpretar los resultados de la promiscuidad entre la Concertación y la extrema derecha?
PW.- No creo que resaca sea la mejor figura lingüística, por la asociación con juerga y diversión. En cualquier caso, no es sencillo interpretar el resultado electoral de esta primera vuelta, en que la derecha consiguió más de un 44% de la votación, y la Concertación un poco menos del 30%. Hubo otra votación, histórica para el período post dictadura, que sumó casi un 27% de los votos. Pero el balotaje lo disputarán Sebastián Piñera y Eduardo Frei, como ha sido tradicional desde 1990.
Una primera interpretación es la gran derrota de la Concertación: nunca, en toda su historia, había logrado un resultado tan pobre. Una merma que no ha sido traspasada a la derecha, sino a la candidatura independiente del ex diputado socialista Marco Enríquez-Ominami, que obtuvo más del 20% y en menor grado a la del también ex socialista Jorge Arrate, apoyado por el PC, con 6,5%. Una porción importante del electorado que tradicionalmente votaba por la Concertación optó por otras propuestas, las que no son de derecha.
Podría afirmarse que este resultado es también el reflejo de la falsedad y artificialidad del sistema binominal, que ha impedido el surgimiento de fuerzas políticas independientes y desligadas de los grandes polos, la extrema derecha y la Concertación. Lo que ha quedado en evidencia en la elección presidencial, que configura por lo menos tres grandes fuerzas políticas, es que la ciudadanía no tiene expresión parlamentaria bajo el corsé artificial del sistema binominal, creación de la dictadura y nunca modificada por los cuatro gobiernos de la Concertación, que han reducido la política nacional a este estrecho e injusto escenario. El rechazo electoral expresado hacia la Concertación, que goza de este artificial bipartidismo, ha quedado en evidencia palmaria en las elecciones presidenciales. El electorado chileno lo que desea es una apertura política, una renovación de una dirigencia que lleva ya 20 años en el poder.
Este desgaste de la Concertación, junto al sistema binominal que ha impedido el desarrollo de nuevos referentes políticos, ha favorecido a la derecha. Pero no creo por una necesaria derechización del electorado -la derecha ha mantenido su votación en relación a elecciones anteriores- sino por la frustración ciudadana derivada de las políticas bastante derechistas de la Concertación, por la corrupción, el clientelismo y oportunismo político. Durante los últimos 15 años muchos electores que votaron por la Concertación como la única opción ante la derecha pinochetista, parecen haber llegado a un momento de crisis mayor porque es la primera vez que opciones no derechistas extra Concertación logran una votación tan alta.
MC.- Se habla demasiado de la exportación del modelo económico chileno, y sin embargo al estudiar su sistema político, ¿por qué no se hace énfasis en la trampa Binominal propuesta para Latinoamérica?
PW.- El sistema económico chileno está agotado. Se trata del modelo neoliberal instalado por la dictadura a sangre y fuego, lo que Naomi Klein ha denominado “La Doctrina del shock”. Sólo bajo estas circunstancias se entregaron los recursos naturales y las empresas del Estado a los colaboradores de la dictadura, quienes más tarde, y ya bajo el proceso de globalización neoliberal, vendieron a muy buenos precios a empresas transnacionales. El despojo de los recursos del Estado fue gigantesco. Por tanto, el modelo chileno tiene como característica el golpe, la dictadura, la supresión de todas las libertades. Y eso sólo pueden desearlo ciertas oligarquías golpistas latinoamericanas.
La institucionalidad económica creada a partir del golpe de Estado (1973) y consolidada por los gobiernos de la Concertación y el proceso de globalización neoliberal ha creado una enorme riqueza. Pero se trata de una riqueza extremadamente concentrada en pocos grupos y a costa de la explotación indiscriminada de los recursos naturales y de la fuerza laboral. Y no puede ser de otra forma. El modelo está basado en su esencia en la ganancia rápida y en la concentración de mercados. Su naturaleza es así, lo que produce desigualdad creciente en la distribución de las riquezas y una también creciente exclusión. Un sistema así sólo ha podido mantenerse bajo un sistema político heredado de la dictadura. La institucionalidad económica está íntimamente relacionada con la política, la que es, como podemos ver, excluyente.
MC.- ¿Cuál será la herencia de pobreza y desigualdad que dejará la Concertación?
PW.- Diversos estudios de organismos nacionales e internacionales revelan que la desigualdad en la distribución de la riqueza es hoy similar a la de los peores años de la dictadura. Lo más dramático de esta afirmación es que sucede bajo un sistema democrático y con una economía que se ha publicitado como el gran modelo de desarrollo latinoamericano. Chile ha tenido buenas tasas de crecimiento, lo que ha generado una gran riqueza, la que puede observarse en las enormes utilidades de las grandes empresas y la banca. Con los altos precios del cobre, empresas mineras transnacionales, han logrado ganancias anuales históricas. Lo mismo en la banca, o en sectores como el forestal.
Pero nada de ello tiene relación con los salarios medios de los chilenos ni con su calidad laboral, muy precaria, con una muy endeble y acaso nula seguridad social. Una de las herencias de la dictadura está en la legislación laboral, muy desequilibrada a favor de la empresa y en perjuicio de los trabajadores, la que ha sido ineficaz para forzar una mejor distribución de la riqueza. Esta legislación, más los crecientes niveles de informalidad laboral, han generado una transferencia de la riqueza desde los pequeños productores y trabajadores hacia los dueños del capital. Son estos, y otros, los motivos que han llevado al repudio que hoy vive la Concertación.
MC.- ¿Cuál es el aporte financiero de Sebastián Piñera al caos de la deuda interna chilena?
PW.- Sebastián Piñera es uno de los hombres más ricos de Chile y del mundo. Está en el club de los multimillonarios. Pero no es un emprendedor, como él suele denominarse con tanto orgullo. Él es un empresario que representa a quienes se enriquecieron durante la dictadura y más tarde con el proceso de globalización neoliberal tan acariciado por la Concertación. Piñera es un hombre de las finanzas, un gran especulador financiero. Y en este sentido forma parte de una generación de empresarios que aprovecharon todos los espacios de negocio que les abrió la dictadura y posteriormente la Concertación, desde la privatizaciones, las fusiones, adquisiciones y las desregulaciones. Una proceso que le permitió, junto con varios otros, enriquecerse a niveles de sueño, pero sobre la base de un sistema laboral injusto, de bajos impuestos, de normas muy favorables al gran capital. Piñera representa el espíritu neoliberal, por lo que un gobierno bajo su mando no hará otra cosa que mantener y reforzar la actual institucionalidad económica.
MC.- El gran aporte de Frei Jr. fue rescatar a Pinochet de la extradición a Madrid, así como en la administración de Ricardo Lagos y Michelle Bachelet se ufanan de la aplicación de la Ley Antiterrorista en contra de la comunidad mapuche, ¿son un par de indicadores jurídicos de su noción de derechos humanos?
PW.- El rescate de Pinochet en Londres creo que está insertado en esa caja negra que son los pactos entre la dictadura y la Concertación a finales de los años ochenta. Aquellas negociaciones secretas determinaron el curso de la historia desde entonces, en lo que se ha denominado la transición, período que Ricardo Lagos dio por finalizado cuando modificó ciertos aspectos de la Constitución de Pinochet, pero que en los hechos no hizo más que legitimarla. Con el curso de los años hemos visto que se pactó para dejar intacto o más o menos intacto el modelo económico –las privatizaciones espurias entregadas a los amigotes de la dictadura jamás se revisaron- como también importantes aspectos relacionados con el derecho a la justicia y reparación a las víctimas de las violaciones a los derechos humanos. Recordemos que Eduardo Frei jamás recibió a representantes de las asociaciones de familiares de las víctimas.
La aplicación de la Ley Antiterrorista de Pinochet contra activistas y comuneros mapuches, durante el gobierno de Lagos y el saliente de Michelle Bachelet, creo que responde a aquellos pactos, pero se relaciona con el propio modelo neoliberal. Comparto la idea de Emmanuel Todd cuanto dice que: “este sistema económico, que concentra la riqueza y genera una extrema desigualdad, sólo puede mantenerse por la fuerza. La represión es inherente a él”. En este sentido, creo que el despojo histórico al pueblo mapuche hoy llega a niveles extremos con la explotación indiscriminada por parte de la industria forestal y de pulpa de celulosa de los recursos naturales de este pueblo. Los gobiernos de la Concertación y los grupos de poder tras el sector privado hacen todo lo posible por criminalizar las demandas de los mapuches, buscando legitimizar la represión, que no es otra cosa que la defensa de los intereses de las grandes corporaciones.
MC.- Si la Concertación inició los Tratados de Libre Comercio, el desmantelamiento del Estado y la criminalización de los movimientos sociales, ¿por qué los empresarios habrían de interesarse en una administración de Piñera?
PW.- Numerosos analistas y observadores se han hecho muchas veces esa pregunta, porque tras 20 años de gobiernos de la Concertación se ha desarrollado un estrecho vínculo entre lo público y lo privado. Numerosas figuras de la Concertación pasan desde el gobierno a directorios del sector privado, lo que, además de ser un fenómeno de evidente corrupción, expresa las íntimas relaciones entre estos gobiernos y las grandes corporaciones. Hay una nueva élite transpolítica, podríamos denominarla, cuyo principal adherente es su amor por el dinero, los negocios fáciles y el modelo económico.
Es claro que la Concertación puede efectuar mejor y de manera más matizada el control social que la extrema derecha, que los chilenos relacionan con el pinochetismo. Porque muchas figuras que rodean a Piñera estuvieron en mayor o menor grado cerca de Pinochet. Pero es necesario tomar en cuenta otros aspectos, que tal vez tengan orígenes doctrinarios, ideológicos –la UDI es un partido conservador fundamentalista- como también la propia ambición por volver a tener el control total. Si ya la derecha controla toda la economía, gran parte del espectro político, los medios de comunicación y la generación de corrientes de opinión, sólo le falta estar en La Moneda. Es una tentación bastante comprensible.
MC.- ¿Qué cobertura periodística hicieron los medios de la derecha sobre la farsa electoral?
PW.- El sistema binominal, así como la institucionalidad económica, son para los medios de la derecha parte de la naturaleza de las cosas. Como si siempre hubiesen estado allí, como si no existieran opciones. Siempre ha habido un cierre a otras ideas, a las opiniones de otros sectores. La prensa de derecha levanta y amplifica lo que le interesa y excluye como le da la gana lo que le incomoda. Las recientes elecciones no han sido una excepción. Plantear la reforma al sistema binominal o la simple idea de una Asamblea Constituyente por esta prensa es algo imposible. Hay que recordar que El Mercurio jugó un papel fundamental para tramar el golpe de Estado contra Salvador Allende. De este tipo de prensa estamos hablando.
MC.- ¿Con el regreso de Frei Jr. se clausura cualquier posibilidad de libertad de expresión en la prensa chilena?
PW.- La prensa escrita de derecha en Chile tiene más del 90% de la circulación y absorbe casi la totalidad de la inversión publicitaria para este tipo de medios. El poder que tiene es enorme, tanto en lo económico como en lo político. Todos los gobiernos de la Concertación han optado por pactar con esta prensa, lo que no sólo ha significado evitarse enfrentamientos políticos, sino también favorecerlos comercialmente a través de la inversión publicitaria de los gobiernos como en la renuncia a apoyar a otro tipo de prensa. El poder que hoy tienen los dos grandes conglomerados periodísticos hace casi imposible que ingrese otro a este “mercado”. Es como si un pequeño o mediano negocio de barrio intentara competir con Wal-Mart. Creo que están ya muy consolidados, primero con la ayuda de la dictadura, que les sacó del “mercado” e hizo desaparecer a la competencia, y ahora gracias a la Concertación. Con Frei se mantendría el statu quo, pero con Piñera retrocederíamos, ya que ha advertido del cierre del diario de gobierno, que aun cuando es poco lo que vende e influye –por políticas expresas de la misma Concertación- La Nación todavía tiene algo por decir.
MC.- ¿Cómo entender el fenómeno MEO?, ¿y el fracaso de Arrate?
PW.- No creo que Arrate haya fracasado. Ha conseguido la votación histórica de la Izquierda –y 60 mil votos más que el Pacto del 2005- pero en condiciones muy diferentes, con una fragmentación inédita de los referentes políticos. Creo por lo tanto más interesante observar todo el fenómeno: casi un 27% del electorado, que no es de derecha, votó contra la Concertación. Hoy la extrema derecha, la centro derecha y los independientes de Marco Enríquez, más la Izquierda tienen una proporción del electorado, sino parecida, sí equilibrada.
Un 74% de la votación ha correspondido a la extrema derecha y centro derecha, en tanto un cuarto del electorado nacional rechaza el duopolio: derecha-Concertación. Este nuevo referente es inédito en la historia reciente chilena y puede abrir espacios en el futuro. Pero no será fácil. Enríquez-Ominami, que ha obtenido un quinto de la votación, no consiguió trasladar este apoyo a los candidatos que llevó su lista parlamentaria. Ninguno resultó electo, lo que demuestra no sólo la enorme distorsión del sistema binominal, sino su carencia de cuadros políticos, de presencia política en las bases. Esta ausencia te lleva a otra reflexión, a entender el fenómeno de Marco como un fenómeno espontáneo, mediático si se quiere, tal vez efímero. No lo sabemos. Pero creo que aún cuando constatemos la decadencia de los partidos tradicionales y su aparato organizacional, el trabajo futuro para Marco tendrá que pasar por esta tarea. Por cierto, sin los vicios y la corrupción presente, que ha convertido a la política en un negocio familiar o en un club de amigos. ¿Has visto cómo se ha reproducido esta anomalía en las recientes elecciones parlamentaria? Es un escándalo.
MC.- Finalmente, ¿habrá Asamblea Constituyente?, ¿ayudará en algo contar con 3 diputados comunistas en el Congreso Nacional?, ¿qué caminos le quedan a la ciudadanía chilena?
PW.- He visto que las primeras reacciones de sectores de la Izquierda respecto a un eventual apoyo a Eduardo Frei pasan por generar compromisos más o menos vinculantes. Entre ellos, convocar a una Asamblea Constituyente. Pero más allá de los deseos, lo veo muy difícil. Si llegara a vencer Frei en enero no creo que convoque ni a una Asamblea Constituyente ni se esfuerce en acabar con el sistema binominal, ni tampoco a nacionalizar el cobre. No lo hará. Tal vez algunos ejercicios un poco ruidosos para calmar a la galería de Izquierda, pero que en los hechos no conducirán a nada importante, como ya lo hemos visto con las reformas laborales, el royalty a las extracciones mineras, los cambios constitucionales de Lagos o los cambios al sistema privado de pensiones de Bachelet. Ha sido una pérdida de tiempo para que todo siga más o menos igual. Como argumento reiterado, han culpado a la derecha de no apoyar los proyectos de ley, lo que demuestra una constante falta de voluntad política. Si Frei privatizó las empresas sanitarias, los puertos, si invocó a la razón de Estado para no juzgar al hijo de Pinochet por unos cheques oscuros, no sé por qué hoy tendría que cambiar. Que la Izquierda no se haga ilusiones.
Es bien probable que a partir de marzo tengamos en Chile un gobierno de derecha, lo que será un gran retroceso para los trabajadores y probablemente también para las ambiciones libertarias de la ciudadanía. Pero un quinto gobierno de la Concertación, sobre los actuales despojos, no altera de manera importante el futuro escenario. A la pregunta sobre el camino que ha de seguir la ciudadanía para exigir sus derechos, Mario, sólo te puedo decir que no ha habido en estos 20 años una respuesta. Tal vez a partir de ahora, con este contundente rechazo a las políticas de la Concertación, puedan abrirse algunos caminos.
1. La coherencia política respecto de sus intereses de clase no es monopolio de los pocos que mandan.
2. En la primera vuelta electoral presidencial de Chile del pasado 13 de diciembre, prácticamente la mitad de las personas mayores de 18 años y, por tanto, habilitadas para sufragar, no lo hicieron. Sin embargo, la crisis de representatividad del conjunto de la casta política en el poder no es suficiente para transformar la realidad a favor de los intereses históricos de las grandes mayorías del país.
3. Si en la primera vuelta, el Movimiento de los Pueblos y los Trabajadores (MPT), junto a otras organizaciones, llamaron a anular el voto inscribiendo una demanda social en el sufragio, debido a que ninguno de los candidatos representaba los intereses de la mayoría explotada y oprimida, en el balotage del próximo 17 de enero de 2010, las razones para anular se mantienen intactas.
4. Más allá de la ampliación simbólica de la Concertación hacia la dirección del Partido Comunista (que obtuvo tres diputados en virtud de los votos del propio electorado concertacionista), Frei Ruiz Tagle –tal como lo demostró con creces durante su primer mandato presidencial- continúa representando estratégicamente a una fracción significativa de la burguesía, de los grandes propietarios, de los poderosos. Frei Ruiz Tagle ni siquiera es como su padre, Frei Montalva, quien presionado por el pueblo organizado y una correlación de fuerzas más compensada entre capital y trabajo, nacionalizó el 50 % de la propiedad del cobre y sindicalizó a amplios sectores del campesinado con el fin de proletarizarlo. Menos es Tomic. Simplemente es un administrador de las políticas privatizadoras, represivas y antipopulares impuestas por los centros imperialistas, y ahora por la Organización para la Cooperación de Desarrollo Económico (OCDE). Por su lado, Sebastián Piñera representa a la derecha más rancia y radical. Naturalmente, de él –cuya familia se enriqueció durante la dictadura a través de la venta a “precio de huevo” de la propiedad social, y la invención antisocial de la previsión y salud privadas- nada puede esperar el pueblo trabajador.
5. Una vez más, la Concertación emplea la propaganda del terror para que los electores se inclinen por Frei. Sin embargo, Frei y Piñera, rostros aparentemente “muy distintos” políticamente, son las dos caras del mismo puñado que manda en Chile para su beneficio en la empresa privada o la administración del Estado. No es programáticamente ni por buena voluntad que Frei y Piñera, gane quien gane, serán más benevolentes con los de abajo. Aquí el eje ordenador es la lucha de clases, y las fuerzas provenientes de la recomposición del movimiento popular. Frei o Piñera reprimirán y continuarán profundizando la desigualdad e injusticias sociales en Chile, dependiendo del grado de resistencia y organización de los pueblos y los trabajadores. Eso debe quedar claro para los que buscan transformar la vida a favor de las grandes mayorías: sin amplias fuerzas sociales que enfrenten al capital, las cosas permanecerán tal cual como están. Y en el caso, por ejemplo, de la fracción de pueblo mapuche en lucha por su territorio e independencia política, ¿Alguien podría garantizar las “diferencias” de represión y criminalización contra los mapuche entre un Frei o un Piñera, teniendo a la vista a los originarios asesinados durante los propios gobiernos concertacionistas?
6. Si el movimiento popular en ciernes y transitoriamente todavía no es capaz de enfrentar la lucha electoral con un proyecto y candidatos que encarnen un nuevo proyecto anticapitalista para el país, no por ello está obligado a pagar los platos rotos de los malos gobiernos de la Concertación. De hecho, para los socialistas no capitalistas, para los populares, para tod@s quienes viven de un salario que nunca llega a fin de mes, en la segunda vuelta no existe ningún candidato que represente sus intereses. Por el contrario.
7. Si el presidente del Partido Socialista, Camilo Escalona impidió autoritaria y “maquineramente” que hubiera primarias en la elección del candidato de la Concertación, gatillando la salida de Marco Enríquez Ominami, Alejandro Navarro, el propio Jorge Arrate, y una buena fracción de militantes más de esa tienda, además de la furia del ínfimo Partido Radical Social Demócrata, ¿Por qué el pueblo chileno tiene que enmendar los errores garrafales y corporativos de un sujeto que hoy tiene diezmada a la Concertación, y está a “siglos estelares” de luchar por una sociedad más justa e igualitaria?
8. Finalmente, las tareas para el MPT y todas las organizaciones sociales, políticas y político-sociales del país que persiguen la superación del capitalismo son hoy más nítidas que ayer: crecer incesantemente desde y con el pueblo profundo, hacia abajo, para construir las fuerzas sociales capaces de enfrentar, de acuerdo a las condiciones históricas mundiales y nativas, y de manera absolutamente independiente de la partidocracia y la clase que domina, la caminata dura por la emancipación social. Está claro: no es la hora de las armas, pero, al menos hasta el 17 de enero, tampoco es la hora de las urnas.
* Matías Carozzi
Mientras algunos pierden el tiempo inflando la reciente contratación de la Carolina Tohá como jefa de la campaña para la segunda vuelta de Eduardo Frei, incidente que a mi juicio no tiene mayor importancia a estas alturas, me gustaría poner sobre la mesa un aspecto que estoy seguro al Gobierno aterroriza mucho más que los 15 kilómetros de ventaja que lleva Sebastián Piñera y es que, pasados ya los chancacazos del domingo, es indudable la determinación de Marco Enríquez-Ominami de formalizar aquel 20% de apoyo en un proyecto político que hasta el minuto lo conocemos como la “nueva mayoría” y que lo tienen recorriendo nuevamente el país como si éste hubiese pasado al balotaje; plan que por cierto dependerá en gran medida, escúchenlo bien, de cerciorarse de que Eduardo Frei fracase en su intento por llegar a La Moneda.
Esto no quiere decir que Marco saldrá a respaldar a Piñera así tan campante, ni mucho menos, pero es evidente que después de ver que sus solicitudes no tuvieron eco en los partidos de la Concertación y que los dirigentes que tanto criticó siguen en sus asientos vivitos y coleando, ojo, pese a los paupérrimos resultados electorales (especialmente los del PS), es razonable y no descabellado anticipar que si Frei logra remontar la brecha que lo separa del candidato de la Coalición por el Cambio, el deseo político de la “nueva mayoría” se vería retrasado significativamente. Un gobierno con los mismos personajes empujaría a MEO a una lucha casi perpetua por el liderazgo de la izquierda, porque seamos francos, pucha que es difícil batallar teniendo a los Gárgamel’s con presupuesto y seguros por cuatro años. ¿O no?.
En cambio, un fracaso de la Concertación catapultaría a Enríquez-Ominami a una situación insuperable. Se convertiría, la noche del 17 de enero, en la fuente de salvación de los militantes y simpatizantes que aún comulgan con las estructuras oficialistas. Personas que se sienten afines al ideario de la Concertación, pero que un fracaso los dejaría, además de aturdidos, bastante permeables para reconocer que “marquito” tenía la razón.
Así las cosas, Marco Enríquez-Ominami depende del triunfo de Sebastián Piñera si es que pretende liderar en serio el escenario político que le permita mirar con optimismo el 2014. ¿Porqué?. Simple, Michelle Bachelet ya dejó su inscripción firmada y Ricardo Lagos hace lo suyo por su lado.
Finalmente, Eduardo Frei cometió el error de creer que polarizando las cosas a punta de arengas ochenteras las cosas pintarían para mejor. Nada más lejano del sueño oficialista y es que suponer que por colocar a personas que tuvieron sus quince minutos de fama, descienden de una familia “golpeada por la historia” o hablan de corrido, es no entender el mensaje del domingo y que su única opción es deshacerse de las actuales estructuras dando un giro radical a las cosas. Es poco probable, más tomando como guía su historia política, pero si Frei lograra reemplazar en breve a las directivas de los partidos que lo apoyan, podría anular el esfuerzo y eslogan de MEO, proporcionando una señal más creíble para el electorado que votó por el díscolo Diputado, algo así como “ahora si que si”.
En su última visita a Chile, el 16 de septiembre, José María Aznar acompañó a Sebastián Piñera durante una jornada de trabajo político en la Universidad Católica y expresó su deseo “ferviente” de que el candidato de la Coalición por el Cambio sea el próximo presidente de este país. Aznar esgrimió dos motivos para proclamar su apoyo al representante de la derecha y no al de la Concertación, Eduardo Frei (dirigente del Partido Demócrata Cristiano, aliado tradicional del Partido Popular): la necesidad de la alternancia después de veinte años de gobiernos de la Concertación y el “insólito” acuerdo alcanzado por la coalición gubernamental con el Partido Comunista (una lista compartida para las elecciones legislativas con los objetivos de elegir diputados comunistas por primera vez desde 1973 y lograr una mayoría suficiente frente a la derecha para emprender las reformas democráticas pendientes).
Con el impulso de gobernar las principales ciudades (Santiago, Valparaíso, Concepción, Viña del Mar) y el apoyo incondicional de los grandes medios de comunicación y del poder financiero y económico, la derecha aspira a lograr su primera victoria en unas elecciones presidenciales desde 1958, cuando Jorge Alessandri abrió un interregno de seis años entre los cuatro presidentes radicales y el populista Carlos Ibáñez y los periodos reformista de Eduardo Frei Montalva y revolucionario de Salvador Allende. En las dos últimas décadas, sólo en 1999 Joaquín Lavín logró forzar un empate técnico en la primera vuelta con Ricardo Lagos, pero el apoyo en el ballotage del electorado comunista otorgó a Lagos la Presidencia, como también sucedió en enero de 2006 con Michelle Bachelet, quien derrotó precisamente a Piñera.
Todas las encuestas conceden a Sebastián Piñera una clara pero insuficiente victoria en la primera vuelta de hoy y trazan un escenario lleno de incógnitas para la segunda, que tendría lugar el 17 de enero y en la que su rival será probablemente el ex presidente Eduardo Frei o el independiente Marco Enríquez-Ominami, cuya inopinada irrupción probablemente pondrá fin a un sistema político bipolar impuesto con el final de la dictadura en 1990.
Piñera es una de las personas más ricas de América Latina. Según el economista chileno Hugo Fazio, se estima que cuenta con activos que rondan los mil millones de dólares sólo si se contabiliza su participación en sociedades anónimas donde figura entre los doce principales accionistas. Los mascarones de proa de su poder económico son la compañía aérea Lan y el canal Chilevisión. Hijo de un destacado militante democratacristiano, economista formado en la elitista Universidad Católica y con estudios de postgrado en Harvard, entre sus primeros negocios estuvo la introducción en el país de las tarjetas de crédito a finales de los años 70. En el decisivo plebiscito del 5 de octubre de 1988 fue una de las contadas personalidades de la derecha política y económica que, como las fuerzas democráticas, votó contra la permanencia de Pinochet en La Moneda durante ocho años más.
Ahora bien, tanto desde el mundo sindical como desde el movimiento de derechos humanos, desde la izquierda como desde la Concertación, advierten de que su victoria supondría una involución en los avances democráticos conquistados a lo largo de estas dos décadas y una concentración peligrosa del poder político, económico y mediático. Porque, en definitiva, Piñera es el candidato de una derecha que se forjó en la sedición contra el socialismo democrático y revolucionario de Salvador Allende, asumió y participó en el proyecto político, económico, cultural y social impuesto por la dictadura militar, ignoró las sistemáticas violaciones de los derechos humanos y aún hoy las relativiza. De hecho, el 10 de noviembre se reunió con más de mil militares jubilados en el Círculo Español y les prometió el final de los procesos judiciales por los crímenes de lesa humanidad cometidos por los agentes de la dictadura, que hoy afectan –según cifras proporcionadas por el Gobierno- a 768 represores procesados, de los que 276 ya están condenados y 53 están cumpliendo penas de presidio.
Sebastián Piñera es militante de Renovación Nacional (RN), que agrupa a los sectores más aperturistas de la derecha, y en estos comicios cuenta también con el apoyo del otro gran partido conservador, la Unión Demócrata Independiente (UDI), una peculiar fuerza creada en los años 80 por Jaime Guzmán, ideólogo del “gremialismo” (el movimiento de masas de la burguesía contra Allende) y principal arquitecto de la “democracia protegida” que Pinochet implantó y que sólo ha sido parcialmente desmontada a lo largo de estos veinte años. Una mirada al directorio de la UDI y también a los históricos de RN conduce a los tiempos más oscuros de la dictadura y esa memoria ha sido un obstáculo hasta el momento insalvable para la derecha.
Es muy probable, pues, que el candidato de la Coalición por el Cambio obtenga hoy la primera mayoría, pero el 17 de enero no le será fácil superar el 46,5% de los votos que ya obtuvo en 2006 contra Michelle Bachelet o el 48,7% que Joaquín Lavín alcanzó en enero de 2000 frente a Lagos, cuando la derecha se quedó a menos de 200.000 votos de reconquistar La Moneda.
Al fin de una campaña presidencial, es decir, en aquella etapa que el periodismo, utilizando una metáfora hípica, llama coloquialmente la “recta final”, muchos se sienten tentados a escrutar el futuro inmediato y proponer sus pronósticos. Las ciencias sociales, al igual que la meteorología, lamentablemente no funcionan de manera mecánica sino más bien probabilística. Así, las encuestas con todo su rigor sólo son capaces de establecer tendencias más o menos aproximadas. De este modo, pareciera que lo más sensato y serio frente a un proceso electoral es más bien hacer un balance de lo que ha sido la campaña, y señalar aquellas tendencias que se deducen de los índices que tenemos a la mano.
El paisaje electoral ha quedado circunscrito a cuatro figuras que se disputarán la primera vuelta. Estas figuras representan de manera algo esquemática y resumida las corrientes que atraviesan a la sociedad chilena por estos días. En cada uno de ellos se conjuga un discurso y un perfil personal, de esa ecuación surge un candidato sonriente, esto es, una imagen, un producto o un verosímil. Los electores se pronuncian por la imagen, es decir, por un sujeto de carne y hueso que expresa un libreto plagado de promesas.
Lo primero que llama la atención de este proceso electoral es la escasez de ideas. Es más, pareciera que la “visión de país” está pasada de moda y que ha sido sustituida por hermosas frases publicitarias, tan poéticas como vacías. Los electores tienden a confundir la contaminación mediática, saturada de imágenes y lugares comunes, con la presencia de ideas. Ni siquiera los “debates” logran sacar a los candidatos de su libreto: La política se ha vuelto casi una disputa de personalidades.
La campaña ha exhibido mucho ruido y pocas nueces. Las candidaturas se han jugado en dos grandes frentes: por una parte, la imagen próxima, amigable, espontánea y familiar del candidato; por otra, una casuística infinita de críticas sobre aspectos de la contingencia. La campaña se instala en la vida cotidiana de los chilenos, así, todas las candidaturas muestran su profunda preocupación por una serie de temas que adquieren una importancia y una urgencia rara vez vista en el país: jubilados, medio ambiente, minorías sexuales, minorías étnicas, doña juanita, la educación de nuestros niños, la atención primaria en salud, la delincuencia y la seguridad ciudadana, los pescadores y un largo etcétera. Habría que consignar que la única candidatura que ha exhibido algunas nueces es la de Jorge Arrate, que posee la virtud de instalar su visión de país en un marco amplio de cambio constitucional y un cuestionamiento de fondo del modelo económico.
En el Chile de hoy, marcado por el consumo y la mediatización, un mensaje deliberativo y anclado en convicciones es capaz de llegar a sectores muy determinados de la población. Por ello, las candidaturas de mayor éxito electoral han sido aquellas que apelan a la seducción mediática. Es claro que en este terreno destaca la candidatura de derecha y aquella del concertacionista rebelde, ambas con logros significativos en las encuestas. Por último, el candidato oficialista ha debido plantearse más bien desde una estrategia defensiva plagada de obstáculos.
En este panorama, las tendencias de primera vuelta indican que la candidatura del señor Piñera se instalará sin grandes dificultades con una primera mayoría relativa. El oficialismo lograría instalar precariamente a su candidato en un segundo lugar, esto a pesar del desgaste y debilitamiento producido por la otra candidatura surgida de la Concertación. Con los datos disponibles, el escenario de segunda vuelta es completamente incierto todavía, pues depende de los procesos de negociación política que se inauguran una vez concluida esta primera etapa. A diferencia de las elecciones parlamentarias, encorsetadas por una legislación que las hace altamente previsibles, la elección presidencial de este año es la primera cuyo resultado final no es posible deducir de ninguna encuesta.