sábado, 19 de diciembre de 2009

Con Frei...

Por qué también hay que anular el voto en la segunda vuelta de las elecciones

1. La coherencia política respecto de sus intereses de clase no es monopolio de los pocos que mandan.


2. En la primera vuelta electoral presidencial de Chile del pasado 13 de diciembre, prácticamente la mitad de las personas mayores de 18 años y, por tanto, habilitadas para sufragar, no lo hicieron. Sin embargo, la crisis de representatividad del conjunto de la casta política en el poder no es suficiente para transformar la realidad a favor de los intereses históricos de las grandes mayorías del país.


3. Si en la primera vuelta, el Movimiento de los Pueblos y los Trabajadores (MPT), junto a otras organizaciones, llamaron a anular el voto inscribiendo una demanda social en el sufragio, debido a que ninguno de los candidatos representaba los intereses de la mayoría explotada y oprimida, en el balotage del próximo 17 de enero de 2010, las razones para anular se mantienen intactas.


4. Más allá de la ampliación simbólica de la Concertación hacia la dirección del Partido Comunista (que obtuvo tres diputados en virtud de los votos del propio electorado concertacionista), Frei Ruiz Tagle –tal como lo demostró con creces durante su primer mandato presidencial- continúa representando estratégicamente a una fracción significativa de la burguesía, de los grandes propietarios, de los poderosos. Frei Ruiz Tagle ni siquiera es como su padre, Frei Montalva, quien presionado por el pueblo organizado y una correlación de fuerzas más compensada entre capital y trabajo, nacionalizó el 50 % de la propiedad del cobre y sindicalizó a amplios sectores del campesinado con el fin de proletarizarlo. Menos es Tomic. Simplemente es un administrador de las políticas privatizadoras, represivas y antipopulares impuestas por los centros imperialistas, y ahora por la Organización para la Cooperación de Desarrollo Económico (OCDE). Por su lado, Sebastián Piñera representa a la derecha más rancia y radical. Naturalmente, de él –cuya familia se enriqueció durante la dictadura a través de la venta a “precio de huevo” de la propiedad social, y la invención antisocial de la previsión y salud privadas- nada puede esperar el pueblo trabajador.


5. Una vez más, la Concertación emplea la propaganda del terror para que los electores se inclinen por Frei. Sin embargo, Frei y Piñera, rostros aparentemente “muy distintos” políticamente, son las dos caras del mismo puñado que manda en Chile para su beneficio en la empresa privada o la administración del Estado. No es programáticamente ni por buena voluntad que Frei y Piñera, gane quien gane, serán más benevolentes con los de abajo. Aquí el eje ordenador es la lucha de clases, y las fuerzas provenientes de la recomposición del movimiento popular. Frei o Piñera reprimirán y continuarán profundizando la desigualdad e injusticias sociales en Chile, dependiendo del grado de resistencia y organización de los pueblos y los trabajadores. Eso debe quedar claro para los que buscan transformar la vida a favor de las grandes mayorías: sin amplias fuerzas sociales que enfrenten al capital, las cosas permanecerán tal cual como están. Y en el caso, por ejemplo, de la fracción de pueblo mapuche en lucha por su territorio e independencia política, ¿Alguien podría garantizar las “diferencias” de represión y criminalización contra los mapuche entre un Frei o un Piñera, teniendo a la vista a los originarios asesinados durante los propios gobiernos concertacionistas?


6. Si el movimiento popular en ciernes y transitoriamente todavía no es capaz de enfrentar la lucha electoral con un proyecto y candidatos que encarnen un nuevo proyecto anticapitalista para el país, no por ello está obligado a pagar los platos rotos de los malos gobiernos de la Concertación. De hecho, para los socialistas no capitalistas, para los populares, para tod@s quienes viven de un salario que nunca llega a fin de mes, en la segunda vuelta no existe ningún candidato que represente sus intereses. Por el contrario.


7. Si el presidente del Partido Socialista, Camilo Escalona impidió autoritaria y “maquineramente” que hubiera primarias en la elección del candidato de la Concertación, gatillando la salida de Marco Enríquez Ominami, Alejandro Navarro, el propio Jorge Arrate, y una buena fracción de militantes más de esa tienda, además de la furia del ínfimo Partido Radical Social Demócrata, ¿Por qué el pueblo chileno tiene que enmendar los errores garrafales y corporativos de un sujeto que hoy tiene diezmada a la Concertación, y está a “siglos estelares” de luchar por una sociedad más justa e igualitaria?


8. Finalmente, las tareas para el MPT y todas las organizaciones sociales, políticas y político-sociales del país que persiguen la superación del capitalismo son hoy más nítidas que ayer: crecer incesantemente desde y con el pueblo profundo, hacia abajo, para construir las fuerzas sociales capaces de enfrentar, de acuerdo a las condiciones históricas mundiales y nativas, y de manera absolutamente independiente de la partidocracia y la clase que domina, la caminata dura por la emancipación social. Está claro: no es la hora de las armas, pero, al menos hasta el 17 de enero, tampoco es la hora de las urnas.

martes, 15 de diciembre de 2009

La prima teruca, en segunda vuelta, votará...

Si gana Piñera, tambien gana MEO



* Matías Carozzi

Mientras algunos pierden el tiempo inflando la reciente contratación de la Carolina Tohá como jefa de la campaña para la segunda vuelta de Eduardo Frei, incidente que a mi juicio no tiene mayor importancia a estas alturas, me gustaría poner sobre la mesa un aspecto que estoy seguro al Gobierno aterroriza mucho más que los 15 kilómetros de ventaja que lleva Sebastián Piñera y es que, pasados ya los chancacazos del domingo, es indudable la determinación de Marco Enríquez-Ominami de formalizar aquel 20% de apoyo en un proyecto político que hasta el minuto lo conocemos como la “nueva mayoría” y que lo tienen recorriendo nuevamente el país como si éste hubiese pasado al balotaje; plan que por cierto dependerá en gran medida, escúchenlo bien, de cerciorarse de que Eduardo Frei fracase en su intento por llegar a La Moneda.

Esto no quiere decir que Marco saldrá a respaldar a Piñera así tan campante, ni mucho menos, pero es evidente que después de ver que sus solicitudes no tuvieron eco en los partidos de la Concertación y que los dirigentes que tanto criticó siguen en sus asientos vivitos y coleando, ojo, pese a los paupérrimos resultados electorales (especialmente los del PS), es razonable y no descabellado anticipar que si Frei logra remontar la brecha que lo separa del candidato de la Coalición por el Cambio, el deseo político de la “nueva mayoría” se vería retrasado significativamente. Un gobierno con los mismos personajes empujaría a MEO a una lucha casi perpetua por el liderazgo de la izquierda, porque seamos francos, pucha que es difícil batallar teniendo a los Gárgamel’s con presupuesto y seguros por cuatro años. ¿O no?.


En cambio, un fracaso de la Concertación catapultaría a Enríquez-Ominami a una situación insuperable. Se convertiría, la noche del 17 de enero, en la fuente de salvación de los militantes y simpatizantes que aún comulgan con las estructuras oficialistas. Personas que se sienten afines al ideario de la Concertación, pero que un fracaso los dejaría, además de aturdidos, bastante permeables para reconocer que “marquito” tenía la razón.


Así las cosas, Marco Enríquez-Ominami depende del triunfo de Sebastián Piñera si es que pretende liderar en serio el escenario político que le permita mirar con optimismo el 2014. ¿Porqué?. Simple, Michelle Bachelet ya dejó su inscripción firmada y Ricardo Lagos hace lo suyo por su lado.


Finalmente, Eduardo Frei cometió el error de creer que polarizando las cosas a punta de arengas ochenteras las cosas pintarían para mejor. Nada más lejano del sueño oficialista y es que suponer que por colocar a personas que tuvieron sus quince minutos de fama, descienden de una familia “golpeada por la historia” o hablan de corrido, es no entender el mensaje del domingo y que su única opción es deshacerse de las actuales estructuras dando un giro radical a las cosas. Es poco probable, más tomando como guía su historia política, pero si Frei lograra reemplazar en breve a las directivas de los partidos que lo apoyan, podría anular el esfuerzo y eslogan de MEO, proporcionando una señal más creíble para el electorado que votó por el díscolo Diputado, algo así como “ahora si que si”.

La derecha, a la reconquista de La Moneda

*Mario Amoros


En su última visita a Chile, el 16 de septiembre, José María Aznar acompañó a Sebastián Piñera durante una jornada de trabajo político en la Universidad Católica y expresó su deseo “ferviente” de que el candidato de la Coalición por el Cambio sea el próximo presidente de este país. Aznar esgrimió dos motivos para proclamar su apoyo al representante de la derecha y no al de la Concertación, Eduardo Frei (dirigente del Partido Demócrata Cristiano, aliado tradicional del Partido Popular): la necesidad de la alternancia después de veinte años de gobiernos de la Concertación y el “insólito” acuerdo alcanzado por la coalición gubernamental con el Partido Comunista (una lista compartida para las elecciones legislativas con los objetivos de elegir diputados comunistas por primera vez desde 1973 y lograr una mayoría suficiente frente a la derecha para emprender las reformas democráticas pendientes).


Con el impulso de gobernar las principales ciudades (Santiago, Valparaíso, Concepción, Viña del Mar) y el apoyo incondicional de los grandes medios de comunicación y del poder financiero y económico, la derecha aspira a lograr su primera victoria en unas elecciones presidenciales desde 1958, cuando Jorge Alessandri abrió un interregno de seis años entre los cuatro presidentes radicales y el populista Carlos Ibáñez y los periodos reformista de Eduardo Frei Montalva y revolucionario de Salvador Allende. En las dos últimas décadas, sólo en 1999 Joaquín Lavín logró forzar un empate técnico en la primera vuelta con Ricardo Lagos, pero el apoyo en el ballotage del electorado comunista otorgó a Lagos la Presidencia, como también sucedió en enero de 2006 con Michelle Bachelet, quien derrotó precisamente a Piñera.


Todas las encuestas conceden a Sebastián Piñera una clara pero insuficiente victoria en la primera vuelta de hoy y trazan un escenario lleno de incógnitas para la segunda, que tendría lugar el 17 de enero y en la que su rival será probablemente el ex presidente Eduardo Frei o el independiente Marco Enríquez-Ominami, cuya inopinada irrupción probablemente pondrá fin a un sistema político bipolar impuesto con el final de la dictadura en 1990.


Piñera es una de las personas más ricas de América Latina. Según el economista chileno Hugo Fazio, se estima que cuenta con activos que rondan los mil millones de dólares sólo si se contabiliza su participación en sociedades anónimas donde figura entre los doce principales accionistas. Los mascarones de proa de su poder económico son la compañía aérea Lan y el canal Chilevisión. Hijo de un destacado militante democratacristiano, economista formado en la elitista Universidad Católica y con estudios de postgrado en Harvard, entre sus primeros negocios estuvo la introducción en el país de las tarjetas de crédito a finales de los años 70. En el decisivo plebiscito del 5 de octubre de 1988 fue una de las contadas personalidades de la derecha política y económica que, como las fuerzas democráticas, votó contra la permanencia de Pinochet en La Moneda durante ocho años más.


Ahora bien, tanto desde el mundo sindical como desde el movimiento de derechos humanos, desde la izquierda como desde la Concertación, advierten de que su victoria supondría una involución en los avances democráticos conquistados a lo largo de estas dos décadas y una concentración peligrosa del poder político, económico y mediático. Porque, en definitiva, Piñera es el candidato de una derecha que se forjó en la sedición contra el socialismo democrático y revolucionario de Salvador Allende, asumió y participó en el proyecto político, económico, cultural y social impuesto por la dictadura militar, ignoró las sistemáticas violaciones de los derechos humanos y aún hoy las relativiza. De hecho, el 10 de noviembre se reunió con más de mil militares jubilados en el Círculo Español y les prometió el final de los procesos judiciales por los crímenes de lesa humanidad cometidos por los agentes de la dictadura, que hoy afectan –según cifras proporcionadas por el Gobierno- a 768 represores procesados, de los que 276 ya están condenados y 53 están cumpliendo penas de presidio.



Sebastián Piñera es militante de Renovación Nacional (RN), que agrupa a los sectores más aperturistas de la derecha, y en estos comicios cuenta también con el apoyo del otro gran partido conservador, la Unión Demócrata Independiente (UDI), una peculiar fuerza creada en los años 80 por Jaime Guzmán, ideólogo del “gremialismo” (el movimiento de masas de la burguesía contra Allende) y principal arquitecto de la “democracia protegida” que Pinochet implantó y que sólo ha sido parcialmente desmontada a lo largo de estos veinte años. Una mirada al directorio de la UDI y también a los históricos de RN conduce a los tiempos más oscuros de la dictadura y esa memoria ha sido un obstáculo hasta el momento insalvable para la derecha.

Es muy probable, pues, que el candidato de la Coalición por el Cambio obtenga hoy la primera mayoría, pero el 17 de enero no le será fácil superar el 46,5% de los votos que ya obtuvo en 2006 contra Michelle Bachelet o el 48,7% que Joaquín Lavín alcanzó en enero de 2000 frente a Lagos, cuando la derecha se quedó a menos de 200.000 votos de reconquistar La Moneda.

Con Piñera en la Presidencia y un gabinete liderado por la UDI y RN no sólo se endurecería el modelo neoliberal, se aplazarían las reformas democráticas y se reinstauraría la impunidad de los asesinos y torturadores de la dictadura. Además, Chile se distanciaría de Brasil, Venezuela o Bolivia y podría aproximarse al papel que desempeñan hoy en la región los gobiernos de países como Colombia o Perú. Así lo vaticinó (a su manera, claro) Aznar en la entrevista que El Mercurio publicó el 20 de septiembre y en la que por cierto aplaudió la instalación de las siete bases militares estadounidenses en Colombia. En las páginas del diario conservador chileno el patrón de FAES dejó dicho: “Hay países sudamericanos que están sufriendo la desgracia del populismo y, políticamente, un salto atrás enorme (…) El resultado electoral de Chile es trascendental…”.